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Las escuelas públicas, víctimas de campañas electorales imprudentes

La integridad de las instituciones educativas frente a las ambiciones de los candidatos

En cada contienda electoral, nuestras instituciones educativas se transforman en espacios cruciales para albergar las mesas electorales. Si bien nos enorgullece que la escuela pública sea un servicio vital para la democracia, resulta indignante el «ataque» que sufren sus muros y cercas por parte de ciertas campañas, que no dudan en borrar murales artísticos para reemplazarlos con trazos aleatorios y pinturas al óleo que carecen de cualquier estética.

Una agresión directa al espacio educativo

Cualquier observador de las campañas puede notar esa «invasión» injustificada de las fachadas escolares. En lugar de utilizar medios modernos para presentar sus programas, algunos recurren a manchar los muros con símbolos y números electorales desfigurados. Este comportamiento no solo refleja una falta de sentido estético, sino que constituye un daño material a un servicio público en el que se han invertido presupuestos importantes para crear un entorno atractivo para alumnos y docentes.

Responsabilidad legal y deber ético

Es lamentable que algunos representantes, responsables de mejorar la infraestructura educativa bajo la Ley Marco 17-51, sean los primeros en contribuir al deterioro de estas instituciones. El artículo 36 de la Ley Orgánica n.º 59.11, relativa a la elección de los miembros de los consejos territoriales, es explícito: obliga a los responsables de las listas a restaurar el estado original dentro de los 15 días posteriores a la campaña. Algo que ignoran muchos, que solo buscan votos sin respetar las normas básicas de ciudadanía.

Un llamado a la dignidad política y a la protección de las escuelas

Instamos a los actores políticos a recordar el artículo 6 de la Ley Marco, que exige a las entidades territoriales contribuir a la reforma educativa, no obstruirla desfigurando sus instalaciones. La protección de las instituciones educativas es un contrato nacional que nos obliga a todos. En lugar de escribir en los muros, los candidatos pueden innovar con tablones de anuncios, preservando la estética de la escuela que recibirá a nuestros hijos tras el periodo electoral.

En conclusión, las escuelas que les otorgan legitimidad política merecen respeto y protección, no vandalismo. Asumamos nuestra responsabilidad en la preservación de este legado educativo nacional.

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