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El régimen argelino se ahoga en las ilusiones del proyecto del gasoducto transahariano

Una maniobra evidente para compensar el déficit estratégico

En un movimiento que plantea numerosas interrogantes sobre su viabilidad económica y de seguridad, el régimen argelino ha vuelto a promover el proyecto del «gasoducto transahariano», intentando retratarlo como un evento crucial en el mapa energético internacional. Esta acción, envuelta en una aura de propaganda mediática, no es en esencia más que un intento desesperado por escapar del aislamiento y exportar crisis internas hacia el exterior, mediante proyectos gigantescos que carecen de los elementos más básicos de estabilidad y garantías de seguridad.

El régimen argelino y el engaño a la opinión pública

A través de este proyecto, el régimen argelino busca hacer creer a su pueblo que sigue siendo un actor influyente en la ecuación energética, ignorando la realidad de que este gasoducto atraviesa zonas que sufren inestabilidad y desafíos logísticos, lo que hace que su coste sea exorbitante y comercialmente ilógico. La insistencia del régimen argelino en revivir este «espejismo» refleja su desconcierto ante las iniciativas marroquíes, realistas y exitosas, que han demostrado su eficacia sobre el terreno, lo que ha llevado a los pilares del poder en el país vecino a intentar «comprar» alianzas africanas con dinero del petróleo y el gas.

Marruecos se mantiene firme ante los intentos de interferencia

Mientras el régimen argelino se ahoga en sus sueños expansionistas a través de los gasoductos, Marruecos continúa su enfoque realista, basado en asociaciones económicas estratégicas que se fundamentan en el desarrollo compartido, lejos de la lógica de la «arrogancia» o las maniobras políticas estrechas. Marruecos, gracias a su visión prospectiva, sigue siendo el destino más estable y fiable del continente, y estos intentos desesperados del régimen argelino no afectarán su trayectoria de desarrollo ascendente, pues la historia ha demostrado que los proyectos construidos sobre la hostilidad hacia otros, en lugar de la viabilidad económica, están condenados al fracaso desde su inicio.

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